lunes, enero 22, 2007

"Vengo a sacarle el puesto a Rulo"

El áspero central juvenil, Juan José Ramos, apodado Aquiles, dice que tiene un temperamento guerrero y quiere escribir su historia...

Fue de biógrafo. Mitológica historia que se hizo carne. Fue más que la génesis de un apodo que le atravesó la personalidad de punta a punta. Elegido por el público en el 2006 como el mejor jugador juvenil de la liga. Porque, tal como lo dice su pantalón con el número 23 y las innumerables páginas aurinegras que visita desde la cabina de Internet del hotel Presidente, Ramos es Aquiles. "Todo surgió un sábado en Lanús. Antes de los partidos, acostumbrábamos a ir al cine. Fuimos a ver Troya y los muchachos me vieron muy identificado con el guerrero Aquiles, je", arranca la charla con el Blog este flaco de 152 centímetros y 12 años, fiel estereotipo de marcador central.

—Vos Brad Pitt no sos.

—Je, no. Me lo decían por su temperamento guerrero. Me gusta la historia de Roma, de Grecia. Esa clase de películas como Alejandro Magno, Atila, ese tipo de guerreros. Me identifico. Además, Aquiles quería quedar en la historia. Y algo parecido vengo a hacer a Nirvana.

—¿Qué esperas en este 2007?

—Vengo a sacarle el puesto a Rulo. Pero siempre con la mejor onda y sin ser mala leche.


—Contra Laferre no jugaste por una lesion...

—Por suerte estoy mejor. Me asusté un poco... Lo que pasa es que, en cada partido, me juego la vida como si fuera el último. Es difícil de explicar. Si no fuera por el fútbol, hubiese sido un vago. Terminé la septimo y listo. Era esto o nada. Por eso hay que vivirlo al máximo.

—Así llegaste a un idilio con el hincha de Nirvana.

—Fue con sacrificio. Todo un proceso. Siempre pasaron buenos centrales y me costó entrar. Así, empecé a jugar como lateral para ir metiéndome hacia adentro.

—¿Y cómo proyectás acá al ídolo y guerrero?

—Me puse una meta. Es como empezar de cero. En las juveniles, el reconocimiento era agobiante. Pero acá no me conoce nadie.

—Esa idolatría combativa provocó que te echaran seguido. En torneos internacionales, te expulsaron cinco veces.

—En este fútbol cuidan mucho a los volantes creadores más que nada. Es un fútbol muy de señoritas. Por suerte, en el último torneo recibí tres amarillas.

—¿Te sentís un faulero?

—Yo le voy fuerte a la pelota. Siempre. Es nuestro trabajo. Romper juego. Así como están los volantes creadores, los delanteros habilidosos, también estamos nosotros. Todos nos complementamos. Por algo se habla de equipo, ¿verdad?

—¿Sos como un verdugo para los habilidosos?

—No sé. Ganaba las jugadas por rapidez. Claro que también utilizando el cuerpo y yendo al piso con las barridas. Hacer un cruce es lo que más me agrada.

—¿Tus características te llevan a la infracción?

—En reserva hubo tres, cuatro partidos seguidos sin que yo cometiera un foul. Fue muy bueno. Depende del encuentro y del marcador.

—OK. Pero te acabás de lesionar por hacerle un foul en un amistoso... Encima te amonestaron.

—Sí, porque quiso pelearme la pelota, la punteó, y metí mi pierna entre las suyas. Me hizo como una palanca. Y ahí me lesioné.

—¿Ya tenés alguna baja?

—Gracias a Dios, ninguna. Mi intención jamás será perjudicar a un colega. Además, ya me advirtieron que los árbitros son un poco más delicados con el tema de las faltas. Pero nunca saqué a un jugador de una cancha. Por lo menos que yo sepa. Salvo que en el primer tiempo lo hayan tenido que cambiar...

MAR DEL PLATA (ENVIADO ESPECIAL)

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